LA ALCUCILLA DE EFREN

LA ALCUCILLA

 Cuando Efrén pudo comprar por fin una trilladora de segunda mano, la piel de su cara y sus manos era ya de cuero viejo. Todas las mañanas, gota a gota, aceitaba la máquina como un diligente doctor. Mejoró su artrosis, su cosecha y el tiempo que pasaba con los suyos. Dicen que cada día, al caer la tarde, Efrén tocaba la aceitera y el pueblo entero se detenía para escuchar su canción

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