LA BANQUETA DE ORDEÑAR DE BERNARDINA
BANQUETA DE ORDEÑO
La sencillez de algunos objetos contagia serenidad. Sólo tengo que sentarme en la puerta de la cuadra, sobre esta banqueta de ordeño, para ver unas enormes ubres con cuatro pezones colgando y como si llevara puestas gafas de realidad virtual cierro los ojos y alargo la mano para tocar su cálida turgencia. Noto las venas, aprieto el tejido elástico, acaricio su consistente suavidad y me imagino ordeñando, aunque no consiga sacar leche, no me importa.
Hay quien usa, para más o menos lo mismo, un cojín de yoga, yo prefiero mi banqueta.
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